Belleza es una noción abstracta ligada a numerosos aspectos
de la existencia humana. Esto es estudiado principalmente por la disciplina
filosófica de la estética, pero también es abordado por otras disciplinas como
la historia, la sociología y la psicología social. Vulgarmente la belleza se
define como la característica de una cosa que a través de una experiencia
sensorial (percepción) procura una sensación de placer o un sentimiento de
satisfacción. En este sentido, la belleza proviene de manifestaciones tales
como la forma, el aspecto visual, el movimiento y el sonido, aunque también se
la asocia, en menor medida, a los sabores y los olores. En esta línea y
haciendo hincapié en el aspecto visual, Tomás de Aquino define lo bello como
aquello que agrada a la vista (quae visa placet). La percepción de la «belleza»
a menudo implica la interpretación de alguna entidad que está en equilibrio y
armonía con la naturaleza, y puede conducir a sentimientos de atracción y
bienestar emocional. Debido a que constituye una experiencia subjetiva, a
menudo se dice que «la belleza está en el ojo del observador». En su sentido
más profundo, la belleza puede engendrarse a partir de una experiencia de
reflexión positiva sobre el significado de la propia existencia.
La belleza, generalmente, se ha asociado con el bien. De la
misma manera, lo contrario de la belleza, que es la fealdad, a menudo se ha
relacionado con el mal. A las brujas, por ejemplo, con frecuencia se les
atribuyen rasgos físicos desagradables y personalidades repulsivas. Este
contraste aparece representado en cuentos como La bella durmiente, de Charles
Perrault. En su obra Las afinidades electivas, Goethe declara que la belleza
humana actúa con mucha mayor fuerza sobre sentidos interiores que sobre los
externos, de modo que lo que él contempla está exento del mal y sienta en
armonía con él y con el mundo.
Salud, sin defectos visibles. Algunos investigadores han
sugerido que rasgos neonatales son intrínsecamente atractivos. La juventud en
general se asocia con la belleza.
Hay pruebas que hacen intuir un rostro hermoso en el
desarrollo infantil, y que las normas de atractivo son similares en culturas
diferentes.
El promedio, la simetría y el dimorfismo sexual para determinar la
belleza pueden tener una base evolutiva. Los meta análisis de la investigación
empírica indican que las tres características producen atracción tanto en caras
masculinas como en femeninas y a través de diferentes culturas. El atractivo
facial puede ser una adaptación para la opción de compañero, posiblemente
porque la simetría y la ausencia de defectos señalan aspectos importantes de la
calidad física del compañero, como la salud. Es probable que estas preferencias
sean simplemente instintos.
Los artistas griegos y romanos también tenían el estándar de
belleza masculina en la civilización occidental. El romano ideal fue definido
como un jefe alto, musculado, de piernas largas, con un pecho lleno de pelo
grueso, una alta y amplia frente -un signo de inteligencia-, grandes ojos, una
nariz fuerte y perfil perfecto, boca pequeña, y una mandíbula poderosa. Esta
combinación de factores produciría una mirada impresionante de hermosa
masculinidad. Con las excepciones notables del peso corporal y los estilos de
moda, las normas de belleza han sido bastante constantes en el tiempo y el
lugar.
La cultura maya consideraba que tener estrabismo era bello,
y para conseguirlo, las madres ponían jarras delante de los niños para que
crecieran con este defecto; el concepto de belleza puede variar entre culturas.
Fealdad
La fealdad es una propiedad de una persona o cosa que no es
agradable de mirar y trae como consecuencia, una evaluación muy desfavorable.
En muchas sociedades el juicio de ser considerado "feo" equivale a
ser poco estético, repulsivo u ofensivo. Al igual que su opuesto, la belleza,
la fealdad implica un juicio subjetivo y está por lo menos en parte, en el
"ojo del observador", tampoco se debe olvidar la influencia ejercida
por la cultura del "observador". Así, la percepción de la fealdad
puede ser errónea o miope, como en el cuento de El patito feo de Hans Christian
Andersen.
A pesar de que la fealdad es normalmente considerada como
una característica visible, también puede ser un atributo interno. Por ejemplo,
una persona se puede considerar atractiva por fuera pero por dentro irreflexiva
y cruel. También es posible estar de "mal humor", que es un estado
interno de desagrado temporal.
La fealdad es algo que está en la mente, esta tiene su
origen en la consideración del "ojo observador" y de la autoestima
que se desarrolla en las personas al ver los estereotipos de hombres y mujeres
agradables a nuestros sentidos de percepción.
Podría remontarse a la propia existencia de la humanidad
como una de sus cualidades mentales. La escuela pitagórica vio una importante
conexión entre las matemáticas y la belleza. En particular, notaron que los
objetos que poseen simetría son más llamativos. La arquitectura griega clásica
está basada en esta imagen de simetría y proporción. Platón realizó una
abstracción del concepto y consideró la belleza una idea, de existencia
independiente a la de las cosas bellas. Según la concepción platónica, la
belleza en el mundo es visible por todos; no obstante, dicha belleza es tan
solo una manifestación de la belleza verdadera, que reside en el alma y a la
que solo podremos acceder si nos adentramos en su conocimiento.
Consecuentemente, la belleza terrenal es la materialización de la belleza como
idea, y toda idea puede convertirse en belleza terrenal por medio de su
representación.